En todo un alarde de imaginación iba a llamar a este postre “tiramisú de fresa” pero bien se vale de Arantxa ya que se le ocurrió lo de Fresamisú y mira, bastante más llamativo y original. Salvando el nombre, la receta no es más que una adaptación de la receta original de tiramisú en la que hemos sustituido el café y el cacao por fresas en diferentes texturas.
Ingredientes:
- 250 gramos de queso Mascarpone
- 250 milílitros de nata para montar
- 3 huevos
- 100 gramos de azúcar
- 12 bizcochos de soletilla
- Un chorrito de zumo de limón
- Almíbar de fresa o mermelada
- 500 gramos de fresas + cuatro cucharadas de azúcar
- 500 gramos de fresas
Preparación:
En primer lugar vamos a coger 500 gramos de fresas y vamos a hacerlos polvo. Para ello limpiamos muy bien las fresas y las cortamos en láminas bastante finas. Una vez cortadas disponemos en un papel de horno todas las láminas extendidas y las colocamos a horno muy bajo (a unos 85º). De vez en cuando abrimos la puerta para elimina el exceso de calor y humedad. Pasadas varias horas (el tiempo depende de lo finas que hayamos hecho las láminas) las fresas se habrán desecado y las podremos reducir a polvo con un molinillo de café. A mitad del proceso se le pueden dar la vuelta para facilitar el deshidratado.
Con los otros 500 gramos de fresa vamos a hacer daditos de medio centímetro aproximadamente. Para ello las limpiamos y las vamos poniendo en un cuenco cortadas. Una vez estén todas cortadas añadimos las cucharadas de azúcar y las dejamos macerar en la nevera un par de horas.
Ahora haremos propiamente la mezcla del tiramisú y para ello echamos la mitad del azúcar en la nata y la montamos hasta que quede muy compacta. Quedará bastante mejor si el recipiente en el que lo hacemos es metálico y está frío. Si además el azúcar lo molemos con un molinillo mejor aunque es opcional.
Separamos las yemas de las claras y montamos éstas últimas a punto de nieve junto con el chorrito de limón. Reservamos.
En un recipiente ponemos las yemas de los huevos y las mezclamos con el azúcar restante y el queso con una cuchara de madera, teniendo cuidado de no hacerlo demasiado rápido para no aportar nada de calor a la mezcla. Cuando todo esté bien integrado añadimos la nata montada y después las claras, mezclando también despacio para que no se bajen las claras. Reservamos toda la mezcla en la nevera.
En la fuente donde vayamos a hacer el tiramisú ponemos en el fondo los bizcochos (dependiendo del tamaño igual sobran) y se empapan con el almíbar de fresa. El almíbar se hace cociendo fresas que se habrán dejado macerar con azúcar unas horas antes. Cuando veáis que las fresas se van poniendo blandas coláis toda la mezcla y se deja enfriar el líquido resultante. Un sustituto más sencillo sería mermelada de fresa disuelta con un poco de agua aunque el almíbar tiene un sabor más pronunciado y es bastante más natural.
Una vez empapados los bizcochos ponemos la mitad de la mezcla de queso, ponemos todas las fresas que teníamos cortadas en dados y después el resto de la mezcla. Para finalizar, espolvoreamos las fresas que habíamos desecado y triturado y al igual que el tiramisú original, lo dejamos reposar en la nevera de un día para otro.